El escritor onubense Hipólito Navarro (1961), uno de los destacados narradores de cuentos de la literatura contemporánea española, confesó hoy en Sevilla durante la presentación del libro 'El pez volador. Antología de cuentos' (editorial Páginas de Espuma) que el hábito de la lectura adquirido en su juventud lo salvó de convertirse "en un tipo lamentable" y también del mundo gris en el que vivía, "que no aportaba absolutamente nada".
En rueda de prensa convocada para la presentación de dicha obra, que se constituye como una recopilación de los relatos que lo han convertido en uno de los principales dominadores de la narrativa breve española, Navarro aseguró que la entrevista que cierra esta edición, que ha corrido a cargo del también escritor Javier Sáez de Ibarra, desvela su parte "más íntima, la que tiene que ver con las tragedias personales y los fantasmas de cada uno". En este sentido, aseguró que la literatura lo salvó "del mundo gris" de su juventud.
"Creo que la antología, que está apoyada tanto por el estudio que realiza Javier de mi obra como de la entrevista a modo de epílogo, describe a una persona que estaba dentro de mí que yo no había percibido hasta ahora", según reconoció el escritor, quien aseguró que la escritura lo curó "de ese espantoso mundo", si bien admitió que "la llegada a un sitio nuevo --como a él le ocurrió cuando se marchó a Sevilla a estudiar-- hace que lo antiguo cobre valor".
Sobre el libro en sí, una colección de relatos extraídos de su conocida obra como cuentista, Navarro explicó que el origen de la misma se encuentra en dos estudios sobre sus cuentos que realizó en un club de lectura Javier Sáez de Ibarra, quien le envió un resumen de esos análisis concentrado "en unas cien páginas". "Aquello me abrumó", según confesó Navarro, quien añadió que "Javier supo escarbar en mi obra hasta encontrar tragedias y dolores en mis personajes, algo que yo desconocía y que luego vi porque el estudio previo y la entrevista le dan a esta colección otra dimensión".
Escritor reconocido en el ámbito de la literatura breve, género que ha cultivado desde sus inicios, Navarro se distanció de los autores que muestran "una pose de solemnidad", algo que le causa "un cierto desagrado" porque, según admitió, "el escritor escribe libros al igual que el zapatero hace zapatos o el panadero hace el pan, no hay ninguna diferencia". Al hilo, abogó por que la misión del escritor "no debe ser pontificar ni dar lecciones de nada", y afirmó que a través de la escritura lo que hace es "encontrarse a sí mismo".
Por otra parte, Navarro quiso salir en defensa del cuento como género literario y afirmó en este sentido que él suele decir que escribe novelas "entre un libro de cuentos y otro" como respuesta a los novelistas, "que siempre han sostenido que ellos cultivan el cuento para descansar de la novela". Para el onubense, "este es el mayor desprecio que se le puede realizar al cuento y uno de los principales problemas del género, que se convierte de este modo en vasija, dando lugar a libros descafeinados, pobretones", consideró.
PREFERENCIA POR LA FORMA
En cuanto a su método de escritura y elaboración de cuentos, Navarro comentó que "muchas veces es bueno no saber dónde vas a desembocar porque así puedes llegar a puertos inexplorados", y explicó que en esta labor influyen dos intuiciones, "el oficio y la autocrítica, porque tan importante es haber leído a muchos autores con anterioridad como saber dejar el cuento y comenzar otro si sabes que no llegará a ninguna parte", según relató.
"Me gusta la idea de no saber a dónde vas porque si llegas a algo interesante, ese hallazgo es siempre mucho más rico del que está previsto de antemano", según estimó Navarro, quien mostró en este punto su predilección por los aspectos formales de la obra antes que por la temática, ya que, según reseñó, "los temas están todos contados ya y son siempre los mismos, de modo que la única posibilidad de diferenciarse es escribiéndolos de otra manera".
Hipólito Navarro (Huelva, 1961) es autor de los libros de relatos 'El cielo está López' (1990), 'Manías y melomanías mismamente' (1992), 'El aburrimiento, Lester' (1996) y 'Los tigres albinos' (2000). Ha obtenido, entre otros premios, el Alberto Lista de 1997 por 'Con los cordones desatados, a ninguna parte'; el Premio de Novela Ateneo-Ciudad de Valladolid del año 2000, el Andalucía de la Crítica 2001 por 'Las medusas de Niza', y el Premio Vargas Llosa NH al mejor libro de relatos publicado en 2005 por 'Los últimos percances'.